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Dandy Warhols hace temblar los vidrios mientras preparo milanesas. La excelencia de la milangüesa está en esta primera etapa, hay que perseguir la compactabilidad, la carne y el pan rallado deben llegar a ser un todo. El buen hacedor de milanesas no las martillea, les hunde el puño como si fuera un pandillero ruso golpeando a su contrincante.
MIA. Huevo. Pan rallado. En esta segunda etapa existe una ley inquebrantable: la mano nunca debe tomar contacto con el huevo (con perdón de la expresión). Entonces, mientras la mano izquierda introduce, ayudada por un tenedor, las milanesas ya empanadas en la mezcla de huevo; la derecha se encarga de unificar, presionando firme pero cautelosamente, la carne, el huevo y la segunda capa de pan rallado. De esta forma, se equipara el esfuerzo que la mano derecha realizó en la primer etapa (logrando la anhelada organicidad) con la de la mano izquierda trabajando la milanesa en la segunda etapa. Por otra parte, la mano jamás debe soltar el tenedor; de esta forma aseguramos un ritmo continuo y evitamos confusiones del tipo "milanesa de pan rallado-huevo-huevo-pan rallado-huevo-pan rallado".
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